HOMOFOBIA O INDEFERENCIA

El Japón de hoy, la diferencia cultural entre Occidente y Oriente es abismal.

Cruce de Shibuya (Tokyo)

La milenaria cultura japonesa tiene valores dignos de imitar como son: el colectivismo, la mejora continua, la puntualidad, la organización esquemática de procesos, el respeto por las personas, etc.

EL respeto a las personas puede ser discutible, puesto que el machismo es una realidad palpable en todo nivel.

Samurai con su Kagema (prostituto hombre, aprendiz de kabuki)
Autor Miyagawa Isshō

Los roles sociales y de género son impresionantemente rígidos. A las mujeres se les enseña que deben conseguir “un buen partido” que vaya a crecer en una empresa y a ganar cada día más dinero, y que su papel como esposas, es sonreír, satisfacer a su esposo, educar a sus hijos y ocuparse del hogar.  Mientras que el hombre es el proveedor del hogar, quien tiene la función de ganar la mayor cantidad de dinero posible, aún a costa de no tener días libres para disfrutar con su familia, ni participar en la educación de sus hijos.

En lo referente a la homosexualidad, existe una  historia de “TOLERANCIA”, ya que en la época de los SAMURAIS era muy común que los famosos guerreros japoneses, tengan amantes masculinos.

A pesar de esta “TOLERANCIA”, Japón es de los pocos países desarrollados que mantiene el matrimonio igualitario fuera de la ley. La doble moral, es uno de los factores que evita el matrimonio igualitario, pues el matrimonio y las preferencias sexuales se consideran de carácter muy privado, y por lo tanto, incluso aquellos pertenecientes al colectivo LGBTIQ+ japonés desistirían de casarse y hacer pública su inclinación sexual aunque la ley lo permitiese. Obviamente no todos los japoneses del colectivo comparten esta idea, pero sí su mayoría.

Según las últimas estadísticas más de 15 millones de personas de la población masculina, han tenido un encuentro homosexual. Posicionando a Japón como el país asiático con más población perteneciente al colectivo LGBTIQ+.

Actualmente ser homosexual en Japón no es condenado por la ley, pero debido a esta estricta pre-concepción de roles heteronormados, las oportunidades laborales en las industrias tradicionales (automotriz, electrónica, informática,  etc.) disminuyen considerablemente para los miembros del colectivo, pues crecer profesionalmente en una compañía de estas industrias depende de la amistad que pueda entablarse en horarios fuera de trabajo con sus jefes, generalmente en bares y cabarets (espacios misóginos, heteronormados y machistas) socialmente aceptados por los japoneses.

Por consiguiente, una persona abiertamente homosexual  en Japón no tiene las mismas oportunidades en comparación a un heterosexual, o incluso a una mujer, pues la idea de la existencia de sólo dos roles: masculino y femenino se han establecido y aceptado socialmente.

Toda esta situación nos lleva a pensar en lo complejo que es ser miembro de la comunidad LGBTIQ+ en el país del sol naciente, pues la visibilidad de la comunidad es casi nula, e incluso no existe un referente gay exitoso como sucede en Occidente con líderes empresariales como: Tim Cook (Apple), Alex Schultz (Facebook), Robert Greenblatt (NBC), etc., lo cual afecta la poca visibilidad que los miembros de nuestra comunidad puedan alcanzar en sociedades tan avanzadas en muchos aspectos, pero tan poco evolucionados en realidades sociales.

Por AKA

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